Cuando cuidar tu piel se convierte en cuidar tu mente 

Mujer feliz pasa tiempo en casa en un interior acogedor, escribe y dibuja en un journal
mujer feliz pasa tiempo en casa en un interior acogedor, escribe y dibuja en un journal

Cuando cuidar tu piel se convierte en cuidar tu mente

Hay días en los que llego a casa con la cabeza todavía llena de todo lo que ha pasado en el día, y sin darme cuenta, el primer momento en el que de verdad paro es cuando me ducho, me relajo y me pongo mis cremas. No pienso en nada más en ese rato. Y durante mucho tiempo pensé que era solo una manía mía, hasta que empecé a leer sobre la relación entre piel y mente, y descubrí que no me lo estaba inventando.

Cuando el estrés se nota también en la piel

La Unidad de Psicodermatología del Hospital del Mar, aquí en Barcelona, lleva años estudiando algo que a mí me parece fascinante, cómo el estrés, la ansiedad o incluso la depresión pueden influir en enfermedades como la psoriasis, el acné o la dermatitis atópica. La Fundación Piel Sana de la AEDV explica que el estrés puede dificultar que estas afecciones mejoren, y que al mismo tiempo, tener la piel alterada durante mucho tiempo también puede generar ansiedad e inseguridad. O sea, que la piel y la cabeza se están hablando constantemente, aunque casi nunca les prestemos atención a la vez.

Por qué ese ratito frente al espejo importa más de lo que parece

El psicólogo Ángel Luis Guillén Torregrosa lo explica muy bien en un artículo de WeLife: el autocuidado consiste en reservarte un tiempo para algo que te haga bien, y ese tiempo, por pequeño que sea, puede convertirse en una forma de desconectar del estrés del día. A mí me pasa eso exactamente. Durante esos minutos no contesto mensajes, no pienso en lo que me queda por hacer, solo estoy ahí, con mi piel y conmigo. Y no hace falta una rutina de diez pasos para conseguirlo, lo que cambia las cosas es la atención que le pones, no la cantidad de productos que uses.

Por qué una rutina pequeña puede sostenerte más de lo que crees

Después de un día largo, cuando por fin me ducho, me pongo mis cremitas y me cambio al pijama de algodón, enciendo una vela de manzana verde o de vainilla y me siento un rato a escribir en mi journal cómo me ha ido el día. Es el momento perfecto donde conecto conmigo, sin nada más alrededor, y ahí es donde entiendo que vivir también va de eso, de quererte un poquito cada día, porque ese poquito acaba siendo mucho, y ese mucho se nota, aunque no sepas explicar del todo cómo. Cuando ves a una persona y de lejos ya se le nota que es de las más felices que conoces, aunque seguramente arrastre sus propios monstruos como todo el mundo, casi siempre es porque se cuida por dentro, y eso, tarde o temprano, siempre acaba notándose por fuera.

Uso el Feel Good Journal de It’s OK Generation, una comunidad de journaling nacida en Valencia que crea diarios guiados e ilustrados en español, con papel de bosques sostenibles. Su journal no tiene fechas, así que puedes empezar cuando quieras, y está pensado para acompañarte en el día a día sin exigirte nada, con su propio lema de fondo, «está bien no estar bien». No hay que rellenarlo entero ni seguir una estructura fija, es más bien un espacio donde apunto un par de líneas sobre cómo ha ido el día, alguna idea suelta, o simplemente cómo me siento en ese momento. Si tienes curiosidad por verlo, te puedes pasar por anna_entre_libros, de vez en cuando enseño el journal por ahí y la verdad es que es chulísimo.

Con el tiempo, ese hábito pequeño deja de ser solo una costumbre y se convierte en algo que te sostiene, precisamente porque no depende de nadie más que de ti.

Dónde termina el autocuidado y empieza la ayuda profesional

Ahora bien, quiero ser honesta, nada de lo que cuento aquí sustituye la ayuda de un especialista cuando la piel refleja algo más profundo. La propia Unidad de Psicodermatología del Hospital del Mar deriva a pacientes a psiquiatría o psicología cuando lo consideran necesario, después de evaluarlos con tests de ansiedad, depresión y calidad de vida. Hay casos en los que piel y mente necesitan tratarse juntas, y ahí no vale con una crema y diez minutos de calma. Pero para el día a día, para esos momentos en los que necesitas bajar el ritmo aunque sea un rato, ese gesto con la crema en las manos puede ser justo lo que te hace falta.

Cuidar la piel nunca ha sido solo cuestión de piel. Muchas veces es la excusa perfecta para cuidarte a ti.

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